13 de diciembre se conmemora un año mas de la muerte de nuestro ancestro: MANUEL DORREGO

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13 de diciembre se conmemora un año mas de la muerte de nuestro ancestro: MANUEL DORREGO

Mensaje  Admin el Sáb Dic 11, 2010 2:39 pm

Datos personales
Nacimiento 11 de junio de 1787
Buenos Aires
Fallecimiento 13 de diciembre de 1828
Partido Federal
Profesión :Militar, periodista, político
Dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Lo que lo caracterizo fue su fuerte vocacion federal y lo defendio asi:
Cuando se le objetó que el federalismo era imposible dada la pobreza de las provincias, respondió que éstas podían ser económica y administrativamente viables, si se agruparan en grupos más grandes. defendió el derecho a voto de los "criados a sueldo, peones jornaleros y soldados de línea", argumentando:

"¿Es posible esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones?... Yo no concibo cómo pueda tener parte en la sociedad, ni como pueda considerarse miembro de ella a un hombre que, ni en la organización del gobierno ni en las leyes, tiene una intervención..."

Es abuelo del tata Olegario Navarro..


Última edición por Admin el Mar Dic 13, 2011 1:48 pm, editado 2 veces

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Re: 13 de diciembre se conmemora un año mas de la muerte de nuestro ancestro: MANUEL DORREGO

Mensaje  Jose Luis Navarro el Lun Dic 13, 2010 9:09 am

Tras el fracaso de Rivadavia, parecía haberse cerrado el ciclo hegemónico de la burguesía comercial portuaria. No se puede negar que había brisas de una relativa independencia política; la económica (o segunda independencia, como la llaman otros) todavía se podía identificar como un planteo utópico; pero, la maldición sobre los líderes continuaba existiendo, pues todos terminaban en el más estrepitoso de los fracasos, con sus proyectos inconclusos o invalidados.

Se buscaba, en realidad, a un conductor y esto los intereses en pugna lo veían diametralmente opuesto en sus proyectos. Estaban los que aun habiendo repudiado al absolutismo monárquico, querían algo semejante a lo que repudiaron. Y, desde la otra parte de la clase potencialmente- dirigente deseaban a alguien que le repugnara la concentración personal del poder. Aunque los hechos demostraron que se necesitaba una mano por lo menos políticamente- fuerte, ya que estábamos muy lejos de poder tener una concentración autonómica del poder económico. Pero esto no se percibió coyunturalmente, puesto que un país en formación sin llegar al despotismo- necesita autoridades fuertes y sobre todo en una Nación que recién se levantaba a la faz de la tierra, en que eran inmensa mayoría los débiles económicos, sociales, políticos, culturales y, por lo tanto, los únicos que podían hacer algo por ellos eran los fuertes de esa nueva comunidad política. Tampoco se entendía, como no se comprende ahora, que el sustituto del líder no es un antilíder, sino una clase dirigente líder. Porque, precisamente la aparición del líder o conductor es un indicador de que la clase dirigente no ejerce liderazgo, ni está en condiciones de conducir un proceso de liberación nacional y social.

Manuel Dorrego, surgido del ambiente juvenil jacobino y "chispero", al que podemos calificar volitivamente como un superdotado vital, vivaz, inteligente, atrevido y con una nada usual capacidad de captación popular, había vuelto de su exilio en los Baltimore con una gran madurez y una valiosísima experiencia.

Quería ser ese conductor nacional. ¡Se sentía capaz y quería!...

Era en lo que habían fracasado Liniers y Saavedra. Con Dorrego aparece el primer hombre de la capital que no considera al pueblo como la chusma vergonzante; que, por el contrario, se vanagloria del trato con los humildes y que aun admirando a los yanquis lo que para el momento era mucho más progresista que ser un colonizado mental británico-, aunque jamás fue tan estúpido de llevar esa admiración al menosprecio nacional. Dorrego es quien descubre para Buenos Aires una nueva dimensión de la política, la política de masas y una nueva dimensión del señorío democrático, la que da el afecto popular.

En el eterno conflicto entre el proyecto de una Argentina que se reconoce hispanoamericana y, por lo tanto, con una perspectiva industrial y la Argentina europeizada, sedienta de librecambismo económico y de cultura afrancesada. Dorrego intentó una tercera posición -porque era protoperonista- integradora: es decir predominio dirigente de Buenos Aires en un régimen federal. Pero, el puerto traidor a los intereses nacionales- lo asesinó rápidamente, aunque no espontáneamente. El objetivo de la burguesía comercial portuaria era la rendición incondicional de la Nación; el honesto de Dorrego había cometido un crimen imperdonable, que, por otra parte, es EL crimen por antonomasia de la política argentina: había convocado al pueblo. (No a las provincias, ni a la democracia abstracta...) Se malogra, entonces, la posibilidad de contar con un conductor nacional y con ella, el comienzo de la formación de una conciencia nacional, necesaria, indispensable, para construir el país liberado con justicia social. La patria, mal o bien, aunque en un diván de psicólogo, existía; la independencia formal había sido declarada. Dorrego pudo haber sido el primer conductor de un país entero que devenía en Nación y el fusilado de Navarro, su constructor. Pero una maldición nos perseguía y nos seguiría persiguiendo como pueblo. Estábamos condenados a no tener quien diera el puntapié inicial. Y aprovechando esta situación de orfandad aparecerían los antilíder, que también serían los antipatria, engendrados por eso puerto maléfico que no tenía prejuicios en estar en contra de todo un país. Son aquellos que dijeron que no había que ahorrar sangre de gauchos; los que propusieron traer machos humanos nórdicos para que sirvieran mejor a las hembras criollas, para lograr un pueblo de calidad aceptable. Es decir los publicistas de un mercado de consumo y punto

Jose Luis Navarro

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Mi Bi-chozno Manuel Dorrego.

Mensaje  Valentina Dorrego Navarro el Lun Dic 13, 2010 9:21 am

La vida resumida de mi bi-chozno
Promovió los ideales revolucionarios en Chile y desbarató los intentos realistas en Santiago, se le otorgó una medalla con la leyenda “Chile a su primer defensor.” Su incorporación al Ejército del Norte. Sus luchas en Sausana, Suipacha y Nazareno, donde un disparo lo dejó ronco para siempre… Su tenacidad que impulsó las victorias de Tucumán y Salta, donde el general Manuel Belgrano le ordenó: “Avance con sus cazadores y llévese por delante a sus enemigos!”

También su humor chispeante y su punzante sarcasmo que le causaron más de un problema. Con el general Juan Martín de Pueyrredón, por ejemplo, a quien denunció por su complicidad silenciosa ante la invasión brasileña a la Banda Oriental, diciendo que no lo recordaba en ninguna batalla. Eso le valió su destierro a los Estados Unidos, que le sirvió para imbuirse en los principios federales, pero adaptados a la realidad nacional.

También cuando en 1820, fue designado gobernador de la provincia de Buenos Aires, aunque siete años después lo sería por voto popular, y cuando en 1823 comenzó su carrera legislativa. Su encuentro con el Libertador Simón Bolívar para aunar esfuerzos en América.

Afirmó José María Rosa: “El 25 de septiembre de 1826 se trata en el congreso el artículo 6º del proyecto de constitución preparado por la mayoría. En su 6º inciso se quitaba el derecho de voto al ‘doméstico a sueldo, jornalero, soldado, procesado en causa criminal en que pueda resultar pena aflictiva o infamante”. (…) Pidió la palabra Manuel Dorrego (…) y con el índice acusador dirigido a la mayoría (declaró): Si se excluye a los jornaleros, domésticos, asalariados; quienes quedarían? Quedarían un corto número de comerciantes y capitalistas. He aquí la aristocracia del dinero, y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y mercarse… entonces sí que sería fácil influir en las elecciones porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero si lo es en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso… hablemos claro: el que formará las elecciones será el Banco.”

Con ese alegato, selló su compromiso con los trabajadores y se generó la enemistad de los intelectuales orgánicos del unitarismo, como Valentín Gómez, Salvador María del Carril, Juan Cruz y Florencio Varela. Su pluma los enfrentó en El Tribuno entre el 11 de octubre de dicho año hasta el 7 de agosto de 1827.

Asumió el gobierno bonaerense, luego de que Rivadavia le “arrojó” el gobierno. Suprimió las levas, extiendió la frontera, firmó la paz con Brasil, fundó la Academia Militar y varias escuelas, saneó la moneda, organizó la libertad de imprenta.

Un golpe de Estado en manos de Lavalle lo depuso. Varela y Del Carril insisten a Lavalle, “una espada sin cabeza”, en matarlo. “Cortar la cabeza de la Hidra”. Dorrego aceptó su destino, escribió cartas a su familia y amigos, como el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, afirmando: “En este momento, me intiman a morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre.”

La vida de Dorrego se apagó... Bien lo escribió Pacho O’Donnell: “En Navarro se inició una tradición de golpismo y violencia política que perdurará hasta nuestros días, ejercida sobre todo contra aquellos que cuentan o pueden contar con el apoyo popular, lo que los hace enemigos reales o potenciales del poder de turno.”

El primer coronel del pueblo fue un patriota tenaz, soldado de la independencia y periodista militante de la causa americana. Su recuerdo está vivo hoy si hay indignación por las injusticias y pasión por lo nacional.

Valentina Dorrego Navarro

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Re: 13 de diciembre se conmemora un año mas de la muerte de nuestro ancestro: MANUEL DORREGO

Mensaje  Admin el Dom Dic 19, 2010 8:11 pm

En realidad, Dorrego fue el primer líder popular de la Argentina, y me refiero a una vez que terminó la revolución. ¿Por qué digo esto? porque a él lo llamaban “el padrecito de los pobres”. Recordemos que los Federales, antes de llamarse Federales a sí mismos, se reconocían como el Partido de los Populares frente a los Directoriales, entonces había una clara voluntad de acaudillar a los sectores populares por parte de Manuel Dorrego y además lo llamaban de una manera especial, despectivamente, y es interesante como vuelven las palabras de la historia años y décadas después… ¿Cómo lo llamaban a Manuel Dorrego?, el descamisado. Lo llamaban el descamisado porque se vestía con ropas sueltas, con la casaca afuera, se paseaba desnudo con las mujeres por Santiago del Estero y por Jujuy, porque además Dorrego era loco. Dorrego era loco pero además de esa locura tenía varias cosas para decir. Tenía la alegría que debería tener todo Movimiento Nacional y Popular y además tenía otra cosa, que es la idea de los sueños, la idea del Quijote, la idea de aquel que cree en los sueños. Y ¿en qué sueños creía Manuel Dorrego? Y por eso nos parece interesante reivindicarlo, creía en los sueños de un país mejor…

toda la nota en
http://www.movimientodorrego.com/2010/index.php?option=com_k2&view=item&id=108:el-escritor-hern%C3%A1n-brienza-se-sum%C3%B3-al-%C3%BAltimo-encuentro-del-a%C3%B1o

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Dorrego, el gran olvidado de la historia nacional

Mensaje  Admin el Mar Dic 13, 2011 1:37 pm

Vehemente, díscolo, insubordinado, apasionado, pagó con su muerte los aciertos de su vida política: haberse mantenido fiel a su pensamiento republicano y democrático y, sobre todo, haber mantenido su vínculo con los sectores populares.

Manuel Dorrego, sin dudas, era hasta hace poco tiempo el gran olvidado de la historia nacional. “Jacobino y liberalísimo”, como lo define José Ingenieros en su libro La evolución de las ideas argentinas, es el hijo predilecto de la línea fundada por Mariano Moreno y profundizada por Bernardo de Monteagudo tras las jornadas de Mayo de 1810. Republicano y federal, ilustrado y popular, porteño y bolivariano, liberal pero nacionalista –si es posible aplicar categorías actuales a los protagonistas del pasado–, su pensamiento y su acción se vuelven imprescindibles para enfrentar el bicentenario.
Nacido el 11 de junio de 1787 y fusilado por Juan Galo de Lavalle el 13 de diciembre de 1828, Dorrego fue revolucionario en Santiago de Chile, soldado y coronel del Ejército del Norte, exiliado político, periodista –fundador del diario El Tribuno–, legislador nacional y gobernador de la provincia de Buenos Aires. Durante toda su vida política su conciencia federal y republicana fue acrecentándose hasta llevar a la práctica durante su gobierno lo que declamaba en el llano. Vehemente, díscolo, insubordinado, apasionados pagó con su muerte los aciertos de su vida política: haberse mantenido fiel a su pensamiento republicano y democrático y, sobre todo, haber mantenido su vínculo con los sectores populares.
A lo largo de sus discursos en el Congreso, Dorrego demostró ser un defensor del voto popular, libre y sin coacciones y de la extensión del sufragio a todos los sectores de la sociedad, incluso para los humildes que, como se sabe, tenían vedado el acceso a los derechos políticos. En una oportunidad, por ejemplo, acusó de prácticas fraudulentas al gobierno de Bernardino Rivadavia porque los ciudadanos iban llevados a las urnas por miembros de las fuerzas de seguridad que se quedaban hasta el momento en el que, a viva voz, emitían el voto.
Pero quizás el discurso más interesante que dio fue el 29 de septiembre de 1826 cuando defendió la forma federal de gobierno frente al unitarismo liberal. Dorrego delinea su proyecto de país y de sólo escucharlo cualquiera se da cuenta de que no está pensando en límites políticos sino en economías regionales viables con mayor racionalidad que el centralismo unitario basado en la especulación financiera y aduanera: “La Banda Oriental podría formar un Estado. Entre Ríos, Corrientes y Misiones, otro... la provincia de Santa Fe y Buenos Aires bajo tal organización que su capital se fijase en San Nicolás o en el Rosario... La de Córdoba tiene aptitudes por su riqueza y todo lo necesario para ser sola; Rioja y Catamarca, otro estado; la de Santiago y Tucumán, otro, la de Salta se halla en el mismo caso que Córdoba; la de Cuyo, otro... Se me había olvidado decir que el Paraguay se halla en el mismo caso que los de Salta y Córdoba.” De más está decir que en la idea de Dorrego está incorporar por su propia voluntad no sólo al Paraguay sino también a Bolivia, país al cual también se refiere. Y luego demuestra su republicanismo no elitista, basado en la legitimidad popular: “No sé que se pueda presentar el ejemplo de un país, que constituido bien bajo el sistema federal, haya pasado jamás a la arbitrariedad y al despotismo; más bien me parece que el paso naturalmente inmediato es del sistema de unidades al absolutismo o sistema monárquico. Pero... supongamos que este sistema federal contenga errores y males que vengan a perjudicarnos; pregunto ¿la masa general decidida por el sistema federal, no pondría un empeño en que él se ponga en planta, si probase que los errores que se les atribuyen son falsos...? Esta tendencia de la masa general a recibir con gusto el sistema federal ¿no es una ventaja? ¿Por qué los legisladores han querido hacer creer que la dominación era una emanación de la divinidad para inspirarles un deseo de respetarlas?”
Unos días después, en la sesión del 2 de octubre, Dorrego amplía su alegato en favor del federalismo: “Nuestra queja del gobierno peninsular, ¿cuál era? El que todo lo teníamos que llevar a Madrid; y yo pregunto, ¿bajo el sistema de unidad no será cierto que todo o la mayor parte habrá que traerlo a la capital? ¿No es regular que los pueblos se resientan ahora de aquello mismo?... La fuerza moral hace que, un país que quiere ser libre, siempre lo sea, pues él, o dejará de existir, o lo será, porque todo hombre tiene esa tendencia hacia su libertad, y puesta en ejercicio sacrifica sus intereses y relaciones, su misma vida con el mayor entusiasmo; pero en la forma de unidad faltaría ese espíritu... Se dice que todos los gobiernos son igualmente buenos; pero es mejor para el país, estrictamente hablando, aquel que sea la expresión del voto público, y que está más en contacto con el pueblo, o para hacer su felicidad, o para conocer los males que se sienten y poderlos remediar.”
Pero más allá de sus palabras, el Dorrego gobernador habla por sus actos. La línea económica diseñada por Dorrego se diferencia radicalmente de las pautas marcadas por el rivadavismo. De inmediato se recostó en los sectores productivos e intentó en la medida de sus posibilidades recortarle sus beneficios al sistema especulativo basado fundamentalmente en el Banco Nacional, principal herramienta de endeudamiento del Estado y cuyos intereses respondían al capital financiero británico. Conviene tener en cuenta que la deuda a principios de 1826 alcanzaba los 1.202.301 pesos y que a julio de 1827 –cuando Rivadavia renunció– ascendía a la cuantiosa suma de 13.100.795 pesos, dinero que se fue en mínimas obras públicas, en la manutención de la guerra con Brasil y, sobre todo, en maniobras de renegociación de los empréstitos solicitados –lo que incluye las abultadas comisiones de los intermediarios- y de sostén de la banca, primero a través del Banco de Descuentos y luego, del Nacional. Además, los defasajes de la balanza comercial –producto del bloqueo brasileño, pero también de la desigualdad en los términos de intercambio- produjeron, como ocurre siempre hacia el final de los procesos liberales, una estruendosa fuga de capitales –en este caso de plata- que se escurría en buques de bandera inglesa.
Si bien a diciembre de 1828, tras la caída de Dorrego, la deuda trepaba a los 17.698.173 pesos, la fría estadística puede demostrar que, mientras Rivadavia incrementó el pasivo –una constante de los gobiernos que aplican políticas liberales (los gobiernos de 1862-1916, 1955-1958, 1976-1983 y 1989-2001) en la historia– en un 1200%, la administración federal lo hizo en apenas un 30 por ciento. Pero la operatoria principal de desendeudamiento consistió en dejar de pedir empréstitos al Banco Nacional a tasas usurarias para negociar un empréstito interno de 505 mil pesos a una tasa del 6 por ciento.
Al mismo tiempo, Dorrego tenía que hacer frente a la inflación ocasionada por la devaluación del peso respecto de la libra por la sobre emisión de billetes realizadas por el Banco Nacional. Decidió acotar las actividades de esa entidad financiera –a cuyos directores acusa de “aristocracia mercantilista”– y a principios del año 28 envió a la Legislatura un proyecto para transformarlo en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, con capitales que ya no respondiera a los intereses británicos sino de comerciantes y estancieros locales. Incluso, en mayo sancionó la ley de curso forzoso –inconvertibilidad de la moneda en metálico– para evitar la fuga de capitales experimentada por las políticas rivadavianas.
Dorrego decidió recostarse en tres sectores nacionales bien marcados para sostener su proyecto político: los estancieros –a quienes les extendió la línea de fronteras para que pudieran apropiarse de más cantidad de tierras–, los sectores populares –a quienes mediante la ley de desmonopolización de los bienes de primera necesidad y el congelamiento de los precios de la carne les garantizaba no quedar presos de la especulación de los comerciantes– y de los caudillos del interior, quienes se veían beneficiados por un doble motivo: porque Dorrego contaba con ellos para la organización institucional y porque la continuación de la guerra en la que estaba empeñado y cierta política proteccionista, favorecía las pequeñas industrias y artesanados que dependían del mercado interno.
Por último, otro elemento muy presente en el pensamiento dorreguista es el nacionalismo territorial. Era un convencido de que debía formarse una gran federación republicana que incluyera no sólo a la Banda Oriental sino también a los Estados del sur de Brasil (los actuales departamentos de Río Grande, San Pablo y Porto Alegre), al Paraguay y al territorio de Bolivia, independizado en 1826 gracias a la desidia de los rivadavianos.
Víctima del primer golpe de Estado organizado por el Ejército regular y víctima del primer crimen político de la historia argentina, el destino de las Provincias Unidas del Sur habría sido muy distinto, seguramente, si Dorrego (el primer líder popular de estas tierras) hubiera podido delinear el futuro de este país que años después se deshizo en guerra intestinas.
Texto escrito por el periodista-escritor Hernan Brienza.

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