El Dulce: un río con resonancia milenaria

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El Dulce: un río con resonancia milenaria

Mensaje  Admin el Sáb Ene 21, 2012 9:08 am


Los ríos parecieran creados a imagen y semejanza del hombre, o en todo caso, el hombre se adapta a la imagen y características de los ríos que surcan su hábitat. Hay ríos turbulentos y depredadores; mansos y fecundos; bravíos e incontenibles; apacibles y fraternales; reservados y traicioneros; rumorosos y alegres; claros y cantarinos; turbios y enrarecidos; inocentes siempre o de inesperadas y sorpresivas violencias; espejo de nubes y de estrellas, con alma de poesía o cargados de ira; tenues y frágiles, jugando en sus entrañas las pedrerías del cielo o inamistosos y sombríos correteando su altivez indomeñable; sensitivos y apasionados de camalotes y de proas o esquivos de todas las intimidades; fríos o inertes; comprensivos y serviciales... Está dicho que la geografía influye en la vida de los pueblos, pero es el espíritu del hombre el que le da determinismo. Un río, tiene su característica y comportamiento, y forma parte de la geografía que ha merecido el hombre, pero es éste el que le da su contenido espiritual, su proyección y su destino. El Nilo o el Jordán; el Tigris o el Éufrates; el Volga o el Danubio; el Sena o el Rin; el Amazonas o el Paraná -todos ríos mayores- tienen el exacto determinismo que le ha dado el hombre, criatura de Dios. Y esto mismo puede traducirse al Río Dulce, que con una suerte de resonancia milenaria y eterna, penetra en lo más profundo del alma santiagueña, confundiendo paisaje y espíritu entre su fuerza telúrica y la consubstanciación con ella del santiagueño. Simbiosis telúrica-espiritual, a la que se suman las obras realizadas sobre su curso, dándole un exacto determinismo.
Es así como el río influye en el hombre, y éste le da al río el nombre, su devoción, sus ansias y sus sueños. Sin embargo -señalaba el ingeniero Carlos Michaud-, "durante siglos el Río Dulce jaqueo a la ciudad de Santiago del Estero con sus crecidas".
En efecto, desde los tiempos en que Juan Núñez de Prado fundara la Ciudad del Barco (en su tercer asentamiento, en 1550), el "Sivi-Sivi" (cedro o anillo), como también lo llamaban en quichua, además de "Misqui Mayu" (Río Dulce), azotó tanto con su arrasador caudal aquel primer poblado, que tres años más tarde, al llegar Francisco de Aguirre para desplazar a su coterráneo del gobierno del Tucumán, trasladó gente y lo que pudo un poco más al norte, fundando la nueva ciudad de Santiago del Estero, argumentando que lo hacía debido a las inundaciones. Obligó a varios traslados Hacia 1590, gobernando el Tucumán Ramírez de Velazco, las constantes crecientes, lo hicieron proponer un nuevo traslado poblacional para que los vecinos pudieran "hacer casas perpetuas".
A pesar de los grandes perjuicios ocasionados por el Río del Estero (como lo denominaron los españoles hasta mediados del siglo XVIII), los habitantes de la capital del Tucumán se resistieron a cambiarse de lugar. Pero el río continuaría avanzando cada vez más sobre los asentamientos, obligando a que poco a poco se fueran desplazando algunos hacia el oeste. El río era grande, caudaloso, indomable, y cada vez se ensanchaba más hacia la ciudad. A comienzos de 1628, la fuerza de sus aguas -que siempre se han tornado más impetuosas entre los meses de enero y febrero-, terminaron por derrumbar gran parte de las casas de adobe (unas 50), como antes lo había hecho con la primera iglesia. Frente a esta devastación, los colonos santiagueños, ya no tenían más alternativa que trasladarse más al oeste. Para entonces, ya nada quedaba del asentamiento que fundó Francisco de Aguirre en el sitio donde actualmente es la costanera. Con el tiempo, la ciudad se fue corriendo hacia atrás de su primera ubicación, y en época de creciente, el caudal del ancho río llegaba hasta el borde de la iglesia de San Francisco de Asís (a la altura de lo que es la celda capilla sobre la calle Olaechea).
Refiere Fray Eudoxio de Jesús Palacio que hasta esa gran inundación de febrero de 1628, "había muchos indecisos en mudarse de sitio, pero la formidable creciente rompió los diques de contención, llevándose de paso el Cabildo, la Catedral y otros edificios de la parte central de la ciudad", obligando a los pobladores a cambiar de parecer y comenzar un nuevo traslado paulatino, "dejando para siempre la vieja ciudad de Aguirre, en su mayor parte sumergida bajo las aguas del Dulce". Puede decirse entonces que, la última mudanza de la capital del Tucumán, luego de los traslados de Prado y Aguirre, fue generada por la furia que cobraba el Río Dulce en tiempo de creciente, "obligando a reedificar la ciudad en dirección opuesta al convento franciscano", señala Orestes Di Lullo. Obras de defensa Hasta promediar el siglo XVIII, se hicieron numerosas obras de defensa para evitar la constante amenaza de destrucción del río, y relata Carlos Michaud que "en el año 1873, el gobierno nacional entregó a Santiago 10 mil pesos fuertes para la obra de desviación del río".
Con el correr de los años hubo otros aportes en ese sentido, y ya no sólo para la defensa de la ciudad, sino también para otras obras en el interior. Así el Dulce fue variando poco a poco su legendaria traza frente a la madre de ciudades. Hacia 1889, bajo la dirección técnica del ingeniero Cassaffousth, se construyó un cierre compacto de tierra y diversos materiales, de unos 500 metros de extensión, para cerrar un brazo amenazante del río. No obstante, las inundaciones y los daños seguirían. Debieron pasar varias décadas hasta que se aprobaron los trabajos definitivos para la defensa de la ciudad, en 1925. Aprovechamiento hídrico Años más tarde, entre 1938 y 1950, el dique de los Quiroga se erigía como la gran obra de concreto para la regulación y aprovechamiento del hasta entonces descontrolado Río Dulce, superada más tarde por el Embalse de Río Hondo, iniciado en 1958 e inaugurado el 1° de enero de 1968, con una capacidad de 1.750 hectómetros cúbicos (mil millones de litros cada hectómetro), y una central hidroeléctrica con una potencia instalada de 15.200 Kw. Monumental obra hídrica, construida con la finalidad de atenuar crecientes, regular, embalsar aguas y utilizarlas para consumo, riego y generación de energía eléctrica. Además de contribuir con su majestuoso lago al desarrollo turístico.
A esto se suman varios canales, como el Matriz, del Alto con 100 kilómetros de extensión y el Plato Paquiska (los de Dios y de la Patria corresponden al sistema del río Salado), entre otras obras derivadoras de las aguas del Dulce, y las que actualmente se proyectan como el Acueducto del Oeste (basado en el viejo proyecto del Canal de Laprida, elaborado en 1928 por el ingeniero Carlos Michaud), que beneficiará con agua potable y para riego (derivada desde el dique de Río Hondo) a una importante zona de los departamentos Guasayán y Choya, y el dique de Tuhama ("rededor" en aymara), que estará ubicado a 40 kilómetros de la capital, a la altura de Árraga, y cubrirá nuevas áreas de riego en las localidades de Colonia Pinto y Colonia Tuhama. Largo sería detallar para el presente artículo, la cantidad de las obras hídricas existentes y proyectadas -como así las que estuvieron a punto de emprenderse- en la cuenca Salí-Dulce. Como ejemplo de su importancia, cabe recordar el proyecto del Canal Federal, que cobrara gran trascendencia en la segunda presidencia de Carlos Menem (presupuestado en 500 millones de pesos en 1997), consistente en derivar agua hasta La Rioja y construir nuevos diques en Tucumán y Santiago del Estero, como el de Villa Lola y El Sauzal, respectivamente. Mucho puede decirse sobre la intervención de la mano del hombre en el legendario cauce del Misqui Mayu, que nace a cinco mil metros de altura, con el nombre de Tala, en las selváticas laderas orientales de las Cumbres Calchaquíes en la provincia de Salta, y que tomando rumbo Sur, ingresa en Tucumán con el nombre de Río Salí, donde también ofrece obras monumentales como el dique El Cadillal. En sus aproximadamente 800 kilómetros de extensión, desde las Cumbres Calchaquíes hasta la laguna de Mar Chiquita en Córdoba -correspondiendo 450 a la provincia de Santiago del Estero-, se han construido importantes obras de irrigación artificial (canales, derivadores, usinas, lagos) tanto para el aprovechamiento humano, como para la producción agrícola, ganadera y energética. Inspiró a poetas y músicos.
Si bien en Santiago del Estero, el Río Dulce es el segundo en extensión después del Saldo, cabe señalar que se lo define como el más importante por las implicancias humanas y económicas que se dan a lo largo de su recorrido por 13 departamentos, en forma diagonal con sentido sureste, potenciando 110.000 hectáreas para riego, en una superficie de influencia de casi 300 mil. Se trata pues, de un río de aprovechamiento múltiple que concentra en su área de influencia -o hinterland- al 46% de la población santiagueña. Río, además, que alimentó la vida de una población tradicionalista que reconoció en sus aguas y contornos, un elemento vital del paisaje y de la forma de vida. Río al que le cantaron los poetas y le pusieron música los que se inspiraron en los rumores de su corriente y ancestral figura vernácula. Río, en definitiva, ecuménico -tal cual la etimología de la palabra griega que significa "perteneciente a la tierra que se habita"-, dándole al hombre su pulso fértil, y recibiendo de éste la determinación para que sirva de empuje civilizador.
fuente www.nuevodiarioweb.com.ar

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